TEXTOS. Psicologo Madrid PDF Imprimir E-mail

Observación: He recopilado algunos fragmentos de los más interesantes Psicologos Humanistas y no humanistas, aunque ello no significa necesariamente que comparta todos los pensamientos que se expresan en los mismos.

VIKTOR FRANK

Hoy presentamos a este psiquiatra que es el creador de la tercera escuela psiquiatrica de Viena, junto con Freud y Adler.

Viktor Emil Frankl, (n. 26 de marzo de 1905, en Viena, Austria - 2 de septiembre de 1997, en Viena) fue un neurólogo y psiquiatra austriaco, fundador de la Logoterapia. Sobrevivió desde 1942 hasta 1945 en varios campos de concentración nazis, incluidos Auschwitz y Dachau. A partir de esa experiencia, escribió el libro El hombre en busca de sentido.

Viktor nació en Viena en una familia de origen judío. Su padre trabajó desde ser un estenógrafo parlamentario hasta llegar a Ministro de Asuntos Sociales. Desde joven, siendo un estudiante universitario y envuelto en organizaciones juveniles socialistas, Frankl empezó a interesarse en la psicología.

Estudió medicina en la Universidad de Viena y se especializó en neurología y psiquiatría. Desde 1933 hasta 1937 trabajó en el Hospital General de Viena. De 1937 a 1940 practicó la psiquiatría de forma privada. Desde 1940 hasta 1942 dirigió el departamento de neurología del Hospital Rothschild (único hospital de Viena donde eran admitidos judíos en aquellos momentos).

En diciembre de 1941 contrajo matrimonio con Tilly Grosser. En otoño de 1942, junto a su esposa y a sus padres, fue deportado al campo de concentración de Theresienstadt. En 1944 fue trasladado a Auschwitz y posteriormente a Kaufering y Türkheim, dos campos de concentración dependientes del de Dachau. Fue liberado el 27 de abril de 1945 por el ejército norteamericano. Viktor Frankl sobrevivió al Holocausto, pero tanto su esposa como sus padres fallecieron en los campos de concentración.

Tras su liberación, regresó a Viena. En 1945 escribió su famoso libro El hombre en busca de sentido, donde describe la vida del prisionero de un campo de concentración desde la perspectiva de un psiquiatra. En esta obra expone que, incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, el hombre puede encontrar una razón para vivir, basada en su dimensión espiritual. Esta reflexión le sirvió para confirmar y terminar de desarrollar la Logoterapia, considerada la Tercera Escuela Vienesa de Psicología, después del Psicoanálisis de Freud y de la Psicología individual de Adler. Siendo muy joven, había mantenido relación epistolar con Freud, quien le publicó algunos de sus escritos, pero muy pronto abandona la escuela psicoanalítica y se orienta hacia la Psicología individual de Adler, de quien se apartará también junto con Schwarz y Allers (de quienes fue discípulo), por diferencias doctrinales.

Dirigió la policlínica neurológica de Viena hasta 1971. En 1949 recibió el doctorado en Filosofía. En 1955 fue nombrado profesor de la Universidad de Viena. A partir de 1961, Frankl mantuvo cinco puestos como profesor en los Estados Unidos en la Universidad de Harvard y de Stanford, así como en otras como la de Dallas, Pittsburg y San Diego.

Ganó el premio Oskar Pfister de la Sociedad Americana de Psiquiatría, así como otras distinciones de diferentes países europeos.

Frankl enseñó en la Universidad de Viena hasta los 85 años de edad de forma regular y fue siempre un gran escalador de montañas. Anteriormente, a los 67 años, había conseguido la licencia de piloto de aviación.

Publicó más de 30 libros, traducidos a numerosos idiomas, impartió cursos y conferencias por todo el mundo, y recibió 29 doctorados Honoris Causa por distintas universidades, entre ellos, uno de la Universidad Francisco Marroquín, institución que también le honró con la clínica de psicología que lleva su nombre.

Falleció el 2 de septiembre de 1997, en Viena. (Derechos reservados Wikipedia).

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AMOR Y SEXO (Fragmento).

"Matrimonio y amor parecen dos conceptos estrechamente relacionados entre sí. Pero esto sólo pasa desde que existen matrimonios de amor, o sea, en los matrimonios que se pactan (por no decir permanecen) sobre la base del amor. Pero en este sentido los
matrimonios de amor constituyen un fenómeno relativamente reciente, como señala el sociólogo Helmut Schelsky en su Sociología de la sexualidad. Cabe decir, no obstante, que el amor es generalmente la condición y el requisito de eso que se llama un matrimonio feliz. La cuestión es saber si la felicidad basada en el amor es duradera. El amor, en efecto, puede ser una condición necesaria de la felicidad conyugal; pero esto no quiere decir, ni de lejos, que sea una condición suficiente. Ahora bien, ¿qué es el amor? ¿Es la simple y estricta sexualidad, como creyó Sigmund Freud, susceptible únicamente de transformarse en una sublimación de las energías sexuales? Tal es la tesis del reduccionismo, que intenta convertir todo fenómeno en epifenómeno, haciéndolo derivar de otros fenómenos. Pero el reduccionismo no procede así basándose en datos empíricos, sino partiendo de determinada visión del hombre que no formula de modo explícito, sino que presupone sin más, como si fuese una verdad científica.Pero si no queremos someter un fenómeno como el amor al lecho de Procusto de interpretaciones y adoctrinamientos arbitrarios y aspiramos a aprehenderlo sin merma,no será suficiente una exégesis psicoanalista y tendremos que recurrir a un análisis fenomenológico. En esta perspectiva el amor aparece como un fenómeno antropológicode primer orden.

El amor, en efecto, se revela como uno de los dos aspectos de eso que yo llamo la autotrascendencia de la existencia humana. Entiendo por tal el hecho antropológico fundamental de que el ser humano remite siempre, más allá de sí mismo,hacia algo que no es él: hacia algo o hacia alguien, hacia un sentido que el hombre colma o hacia un semejante con el que se encuentra. Y el hombre se realiza a sí mismoen la medida en que se trasciende: al servicio de una causa o en el amor a otra persona. Con otras palabras, el hombre sólo es plenamente hombre cuando se deshace por algo o se entrega a otro. Y es plenamente él mismo cuando se pasa por alto y se olvida de símismo. Qué hermoso es un niño cuando se le fotografía y él no se da cuenta, absorto como está en el juego. Antes hablábamos de encuentro, ¿es que hay que definir el amor como encuentro? El encuentro es una relación con un semejante en la que se reconoce a éste como ser humano. De esto se desprende que al semejante no se le utiliza como simple medio para un fin, si a tenor de la segunda versión del imperativo categórico de Immanuel Kant, pertenece a la actitud esencial del hombre que el semejante nunca sea degradado a simple medio para un fin. Ahora bien, parece que el amor supone un paso más respecto al encuentro, ya que no se limita a acoger al semejante en su condición humana, sino además en su unicidad y singularidad o, lo que es lo mismo, como persona. Porque la persona no es un ser humano como los otros, sino diferente de los otros, y en esta diferencia resulta ser algo único y singular. Y sólo cuando el amante acoge al amado en su unicidad y singularidad, éste se convierte para él en un tú".

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FRITZ PERLS

La terapia que conocemos como Gestalt, fue desarrollada por Fritz Perls y su esposa Laura. El primero pensaba que el origen de los trastornos psicológicos podía estar en la incapacidad de la persona en componer las partes de su personalidad en un todo armonioso y saludable.

Perls nació el 8 de julio de1893, de origen judio, tuvo que huir de Alemania por pertenecer a la liga antifascista. Era médico y psicoanalista, pero algunas discrepancias con los métodos y teorías freudianos lo llevaron a crear su propio metodo y terapia. Los origenes de su metodo se inspiraron ademas de en el psicoanalisis en autores como Karen Horney y Wilhelm Reich, el existencialismo y la fenomenología de Hüsserl. De ellos tomó sus ideas sobre la libertad y responsabilidad, de la necesidad de la inmediatez de la experiencia y de que cada persona ha de buscar su propio significado de vida.

Señaló los principios de la psicología gestáltica al indicar que toda persona emocionalmente saludable organiza su vida basandose en necesidades definidas que actuan como referencias para organizar su conducta. Sin embargo las personalidades neuróticas no conforman una gestalt adecuada para sus necesidades.

En su terapia anima al cliente a vivir sus emociones y reconocerlas por lo que son en realidad. Y ello lo realiza a traves de su percepción, sin mediatizarla y con la experiencia inmediata. Por ello una de sus claves es enfocarse en el aqui y en el ahora. Y desde el presente poder resolver y enfrentar sus problemas. Al enfocarse en el "aquí y ahora",  y no en las experiencias del pasado, se pueden enfrentar los conflictos del pasado o inconclusos.

Una de sus propuestas es que todo lo que percibimos es el resultado de procesos organizadores, de carácter no innato o heredado. Por lo tanto, la realidad que nos rodea no es absolutamente determinante y nos hace dueños de la libertad de percibir infinidad de realidades alternativas, alterando controladamente los principios organizadores de nuestra consciencia.

EL ENFOQUE GUESTALTICO (Fragmento)

"La Escuela de Psicología que surgió de este tipo de observaciones se llama Psicología de la Guestalt. Guestalt es una palabra alemana para la que no hay un equivalente en inglés: Una guestalt es una configuración, una forma, la forma particular en que se organizan las partes individuales que la constituyen. La premisa basica de la psicología de la guestalt es que la naturaleza humana se organiza en formas o tonalidades y es vivenciada por el individuo en estos términos y puede ser comprendida únicamente en función de las formas o tonalidades de las cuales se compone.....

La doctrina holistica. Uno de los hechos mas notorios del hombre es que es un organismo unificado. Sin embargo este hecho es completamente ignorado por las escuelas tradicionales de psiquiatria y psicoterapia, las cuales, sea como fuere que describan su enforque, aún operan en términos de la antigua división mente-cuerpo. Desde que surgió la medicina psicosomática, la estrecha relación entre la actividad mental y física se ha hecho cada vez más aparente- Y sin embargo, debido a la persistencia del paralelismo psicofísico, incluso este adelanto en el entendimiento, no ha tenido los logros que eran de esperar. Aún está amarrado a conceptos de causalidad, tratando una enfermedad funcional como una perturbación física causada por un evento psíquico".

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CARL ROGERS

Carl Rogers nació el 8 de enero de 1902 en Oak Park, Illinois. En 1914 la familia se trasladó al campo para dedicarse a la agricultura y a la cria de animales. En 1919 fue a la Facultad de Agricultura, que despues dejó para hacer Teología.

Su viaje a China en 1922  junto con otros estudiantes para participar en una conferencia internacional  de Estudiantes Cristianos, le hizo replantearse sus convicciones crisitanas. Al volver a USA dejó sus estudios teologicos y comenzó otros de caracter psicopedagogico.

En 1924 se casó con Helen Elliot en contra de la opinión de sus padres. Se trasladó a Nueva York donde acudía a la Union Theological Seminary, una  institución religiosa liberal. En ella condujo un seminario que se llamaba ¿Porque quiero ser ministro (sacerdote)? Muchos de los participantes pensaron en dejar su trabajo religioso. Rogers comenzó a estudiar psicología clínica en la Universidad de Columbia y recibió su doctorado en 1931.

En 1942 en su Counseling and Psychotherapy, funda las bases de su Terapia Centrada en la Persona (tambien se refiere como cliente) que constituye unos de los movimientos fundamentales de la Psicología Humanista.

En 1957 obtiene la cátedra de Psicología y Psiquiatría de la Universidad de Wisconsin. Donde continua experimentando su terapia con pacientes psicoticos con muy buenos resultados.

En 1964 abandona la enseñanza y se traslada a California, al Western Behavioural Science Institute de La Jolla. En 1967 publica su libro: "La relación terapeutica y su impacto".En 1969 funda el Center for the Study of the Person y, despues, el Institute of Peace para el estudio y la resolución de los conflictos. Muere en 1987.

 

EL PROCESO DE CONVERTIRSE EN PERSONA (Fragmento)


"Veamos si puedo identificar y explicar algunas de las tendencias que observo en el trabajo con mis clientes. En mi relación con estos individuos, mi meta ha sido crear un clima que les proporcione toda la seguridad, calidez y comprensión empática que me siento capaz de brindar auténticamente. No me ha parecido útil ni satisfactorio interferir en la experiencia del cliente con explicaciones diagnósticas, interpretaciones, sugerencias o consejos. Por consiguiente, las tendencias que observo parecen surgir del cliente mismo, y no de mí.

Dejan de utilizar las máscaras.

Al principio observo que el cliente, con dudas y temores, acusa una tendencia a alejarse de un sí mismo que él no es. En otras palabras, aun cuando ignore hacia dónde se dirige, procura alejarse de algo. Por supuesto, al hacer esto, comienza a definir lo que es, aunque en términos negativos.
En un comienzo, el cliente puede expresar esto simplemente como el miedo a manifestar que es. Un joven de dieciocho años dice, en una de sus primeras entrevistas: “Sé que no soy tan violento y temo que lo descubran. Por eso hago estas cosas . . . Algún día van a descubrir que no soy tan violento. Simplemente estoy tratando de postergar ese día todo lo que puedo . . . Si usted me conoce como yo me conozco . . . (Pausa.) No le voy a decir qué clase de persona pienso que soy en realidad. Hay una sola cosa en la que no voy a cooperar, y es en eso . . .

No veo de qué le serviría saber lo que yo pienso de mí mismo para formarse su propia opinión sobre mí.”
La expresión de este miedo forma parte del proceso de su transformación en lo que realmente es. En lugar de ser sólo una máscara, se está acercando a la posibilidad de ser él mismo, es decir, una persona atemorizada que se oculta tras una fachada, porque se considera demasiado espantosa como para mostrarse tal cual es.

Dejan de sentir los “debería”.

Otra tendencia de este tipo se manifiesta en el hecho de que el cliente se aleja de la imagen compulsiva de lo que “debería ser”. Algunos individuos han internalizado hasta tal punto el concepto inculcado por sus padres según el cual “debería ser bueno” o “debo ser bueno”, que sólo por medio de una intensa lucha interior pueden abandonar esta meta. Una mujer joven, al describir su relación insatisfactoria con su padre, comienza diciendo cuánto le importaba lograr el amor de éste: “Pienso que en todo este sentimiento acerca de mi padre realmente yo quería lograr una buena relación con él . . . Quería que él se preocupara por mí y, sin embargo, no podía conseguirlo.” Siempre sentía que debía satisfacer todas sus exigencias y expectativas, y esto era . . . “demasiado. Si cumplía una de ellas, aparecía otra y otra y otra y nunca llegaba a satisfacerlas todas. Es como una exigencia sin fin”. La cliente siente que ha sido como su madre, sumisa y complaciente, y ha tratado de satisfacer todas las exigencias de su padre. “Y realmente no quería ser ese tipo de persona. Pienso que no es bueno ser así, pero creo que sentía que así hay que ser si uno desea que los demás piensen en uno y lo amen. ¿Y quién querría amar a una persona así, tan débil?” El asesor respondió: “¿Quién amaría a un felpudo?” La respuesta fue: “¡Al menos a mí no me gustaría ser amada por el tipo de persona capaz de querer a un felpudo!”
Aunque estas palabras no revelan parte alguna del sí mismo al que la cliente podría estar aproximándose, el hastío y desdén de su voz y su expresión ponen de manifiesto que se está alejando de un sí mismo que tiene que ser bueno, que tiene que ser sumiso.
Otro hecho curioso es que algunos individuos descubren que se han sentido obligados a considerarse malos y que se están alejando de ese concepto de sí mismos. Un joven ilustra claramente este alejamiento: “No sé de dónde saqué esta impresíón de que sentir vergüenza de sí mismo era el sentimiento más apropiado para mí . . . Simplemente tenía que avergonzarme de mí mismo . . . Existía un mundo en el que sentir vergüenza de mí mismo era lo mejor que podía sentir . . . Si uno es alguien que merece reprobación, supongo que lo mejor que puede hacer para respetarse un poco a sí mismo es avergonzarse de aquella parte de uno que los demás no aprueban . . .“


“Ahora me niego firmemente a hacer cosas conforme a mi antiguo punto de vista . . . Es como si estuviera convencido de que alguien me ha dicho: ‘Tendrás que avergonzarte de ser como eres, ¡así que hazlo! Y lo acepté durante mucho, mucho tiempo, diciendo: ‘Bueno, así soy yo.’ Y ahora me enfrento a ese alguien diciéndole: ‘No me interesa lo que digas. ¡No pienso sentirme avergonzado de mí mismo!’ “ Sin duda alguna, este cliente está abandonando el concepto de sí mismo que consideraba malo y vergonzoso.

Dejan de satisfacer expectativas impuestas.

Otros clientes se alejan de las pautas de conducta que la cultura les impone. Como lo ha señalado enérgicamente Whyte en su libro, en nuestra cultura industrial actual, por ejemplo, existen intensas presiones que impulsan al individuo a adquirir las características que se espera hallar en el “hombre-organización”. Las personas deben integrar un grupo, subordinar su individualidad a las necesidades de éste y convertirse en “hombres cabales capaces de manejar a hombres cabales”.
Jacob concluyó recientemente un estudio sobre los valores de los estudiantes en los Estados Unidos, y resume sus hallazgos de la siguiente manera: “El principal efecto de la educación superior sobre los estudiantes consiste en lograr la aceptación, por parte de éstos, de un cuerpo de normas -Y actitudes características de los universitarios de ambos sexos en la comunidad norteamericana . . . El objetivo de la experiencia universitaria es . . . socializar al individuo, refinar, pulir y modelar sus valores, de manera tal que pueda adaptarse cómodamente a la jerarquía del egresado de una universidad de Estados Unidos” (1, pág. 6).
Frente a estas presiones que impulsan al conformismo, observo que, cuando los clientes se sienten en libertad de ser como quieren, comienzan a desconfiar de la organización. universidad o cultura que tiende a modelarlos en una dirección determinada y cuestionar los valores que se pretende imponerles. Uno de mis clientes dijo con gran vehemencia: “Durante mucho tiempo traté de vivir de acuerdo con cosas que tienen significado para otra gente y que para mí en realidad no tenían ningún sentido. En algún nivel yo sentía mucho más que eso.” Tal corno ocurre con los demás, también él tiende a alejarse de lo que se espera que haga.

Dejan de esforzarse por agradar a los demás.

Observo que muchos individuos que se han formado tratando de agradar a los demás, cuando se sienten libres, abandonan esa actitud. Un profesional, recordando parte del proceso que ha experimentado, y ya próximo al final de la terapia, escribe:  “Por último, sentí que tenía que empezar a hacer lo que quería hacer y no lo que pensaba que debería hacer, independientemente de lo que los demás esperaran que hiciera. Esto significa una inversión total de mi vida. Siempre sentí que tenía que hacer cosas porque eso es lo que se esperaba de mí o bien, lo que es más importante, para gustar a la gente. ¡Al diablo con todo eso! Creo que desde ahora voy a ser simplemente yo, rico o pobre, bueno o malo, racional o irracional, lógico o ilógico, famoso o infame. Le agradezco el haberme ayudado a redescubrir las palabras de Shakespeare: ‘Sé sincero contigo mismo.’ “
Se podría decir que en la libertad y seguridad de una relación comprensiva, los clientes definen su meta en términos negativos, al descubrir algunas de las direcciones en las que no desean moverse. Prefieren no ocultarse a sí mismos sus propios sentimientos, ni hacerlo tampoco con las personas que para ellos son significativas. No desean ser lo que “deberían” ser, independientemente de que esa obligación sea impuesta por los padres o por la cultura y definida en términos positivos o negativos. No desean adecuar su conducta ni moldearse ellos mismos con el único propósito de agradar a los demás. En otras palabras, desechan todo lo que hay de artificial en su vida o lo que les es impuesto o definido desde afuera. Advierten que ya no valoran esos propósitos o metas, a pesar de que hasta ese momento han vivido de acuerdo con ellos.

Comienzan a autoorientarse.

¿Qué implica, en términos positivos, la experiencia de estos clientes? Trataré de describir algunas de las direcciones que se observan en su movimiento.
En primer término, el cliente comienza a avanzar hacia la autonomía; esto significa que elige paulatinamente las metas que él desea alcanzar. Se vuelve responsable de sí mismo; decide cuáles actividades y maneras de comportarse son significativas para él y cuáles no lo son. Pienso que esta tendencia hacia la autoorientación ha quedado ampliamente ilustrada en los ejemplos ya citados.
No deseo dar la idea de que mis clientes se mueven en esta dirección de manera alegre y confiada. La libertad de ser uno mismo asusta por la responsabilidad que implica, el individuo se aproxima a ella con cautela y temor, al comienzo casi sin confianza alguna.
Tampoco quiero que el lector piense que el cliente siempre hace una elección correcta. Asumir la dirección de uno mismo de manera responsable significa que uno realiza su elección Y luego aprende a partir de las consecuencias; ello representa para los clientes una experiencia apaciguadora pero excitante. Como dijo uno de ellos: “Me siento asustado, vulnerable y sin apoyo, pero también siento que en mí surge una especie de fuerza,” Esta reacción se observa a menudo, cuando el cliente asume la dirección de su propia vida y de su conducta.

Comienzan a ser un proceso.

La segunda observación resulta difícil de formular, porque no existen palabras adecuadas para hacerlo. Los clientes parecen convertirse cada vez más abiertamente en un proceso de constante cambio y adquieren mayor fluidez. No los perturba descubrir que varían día a día, que no siempre sienten lo mismo ante una experiencia o una persona determinada, que no siempre son consecuentes consigo mismos. Se hallan en un continuo cambio y parecen sentirse satisfechos por ello. El esfuerzo por alcanzar conclusiones y estados definitivos disminuye.
Un cliente dice: “No cabe duda de que las cosas están cambiando, puesto que ya no puedo predecir más mi propia conducta. Antes podía hacerlo; ahora no sé qué voy a decir en el momento siguiente. Es un sentimiento peculiar . . . A veces me asombro de haber dicho ciertas cosas . . . Todo el tiempo veo cosas nuevas. Es una aventura, eso es . . . hacia lo desconocido . . . Está empezando a gustarme, estoy contento, aun respecto de las cosas viejas y negativas.” Primero, el cliente comienza a percibirse a sí mismo como un proceso fluido en la hora de la terapia; luego verá que esta característica se manifiesta en toda su vida. No puedo evitar recordar la descripción que hace Kierkegaard del individuo que existe realmente. “Un individuo que existe se encuentra en constante proceso de devenir . . . y expresa todos sus pensamientos en función de proceso. Con él . . . sucede lo mismo, que con un escritor y su estilo, puesto que sólo tiene estilo aquel que nunca ha concluido nada y ‘agita las aguas del idioma’ cada vez que comienza, de manera que la expresión más común se le aparece con la frescura de su nacimiento” (2, pág. 79). Creo que esto expresa perfectamente el movimiento que describen los clientes en la terapia: hacia un proceso de potencialidades nacientes y no hacia una meta fija.

Comienzan a ser toda la complejidad de su sí mismo.

La experiencia de estos clientes implica también convertirse en un proceso complejo y rico. Tal vez sea útil incluir un ejemplo. Uno de nuestros asesores, que ha recibido gran ayuda en su propia psicoterapia, conversó conmigo acerca de su relación con un cliente muy difícil y alterado. Observé que sólo quería referirse al cliente brevemente. Sobre todo deseaba tener presente la complejidad de sus propios sentimientos en la relación: su preocupación empática por el bienestar del cliente, la calidez que éste le inspiraba, su ocasional frustración y aburrimiento, cierto temor de que el cliente desarrollara una psicosis, su inquietud acerca de lo que los demás pensarían si el caso no terminaba bien. Comprendía que si lograba ser todos sus sentimientos cambiantes y a veces contradictorios en la relación, de manera abierta y transparente, todo se resolvería de manera satisfactoria. Si, por el contrario, sólo era una parte de sus sentimientos y adoptaba una fachada o una máscara defensiva, indudablemente la relación no sería buena. Este deseo de ser todo uno mismo en cada momento -toda la riqueza y complejidad, sin elementos ocultos o temidos- es común a todos aquellos que se han mostrado capaces de gran movimiento en la psicoterapia. No es necesario agregar que se trata de una meta difícil de alcanzar, incluso imposible en sentido absoluto. No obstante, la tendencia que impulsa a los clientes a convertirse en toda la complejidad de su sí mismo cambiante en cada momento significativo es una de las más notables.

Comienzan a abrirse a la experiencia.

“Ser la persona que uno realmente es” implica también otras características. Una de ellas, que quizá ya haya sido señalada de manera implícita, es que el individuo comienza a vivir en una relación franca, amistosa e íntima con su propia experiencia. Esto no ocurre con facilidad. A menudo, en cuanto el cliente descubre una nueva faceta de sí mismo, la rechaza inmediatamente. Sólo cuando ese descubrimiento se lleva a cabo en un clima de aceptación, el individuo puede admitir provisionalmente, como una parte de sí mismo, los elementos hasta entonces negados. Después de experimentar su propio aspecto infantil y dependiente, un cliente dice, impresionado: “¡Es una emoción que nunca he sentido claramente . . . que nunca he sido!” No puede tolerar la experiencia de sus sentimientos infantiles, pero poco a poco llega a aceptarlos, a asumirlos como una parte de sí mismo y logra aproximarse a ellos vivir en ellos, cuando se manifiestan.
Otro joven, que padecía un serio problema de tartamudez, se permite el acceso a algunos de sus sentimientos ocultos, cuando ya está por concluir la terapia. Dice: “Fue una pelea espantosa. Nunca me había dado cuenta. Me imagino que debía de ser demasiado doloroso llegar a esa altura. Es decir, sólo ahora estoy empezando a sentirlo. ¡Oh, el dolor espantoso . . . fue terrible hablar! Es decir, primero quería hablar y después ya no quería hacerlo . . . Estoy sintiendo . . . creo que sé . . . es una tensión . . . una tensión terrible . . . stress, ésa es la palabra . . . tanto stress que he estado sintiendo. Estoy empezando a sentirlo ahora, después de tantos años . . . es terrible. Ahora apenas si puedo respirar, siento un ahogo por dentro, algo que me aprieta adentro . . . Me siento aplastado. (Comienza a llorar.) Nunca me había dado cuenta de eso . . . nunca lo supe.” “ Se está abriendo a una serie de sentimientos internos que, si bien no son nuevos para el cliente, nunca habían sido experimentados plenamente, hasta ese momento. Ahora que puede permitirse experimentarlos, le parecerán menos terribles y podrá vivir más cerca de su propia vivencia.

Poco a poco los clientes aprenden que la vivencia es un recurso que puede brindarles ayuda, y no un enemigo temíble. Esto me recuerda el caso de un cliente que, próximo a finalizar su terapia, cada vez que se veía perturbado por un problema se tomaba la cabeza entre las manos y se decía: “¿Qué es lo que estoy sintiendo ahora? Quiero acercarme a este sentimiento. Quiero saber qué es.” Luego esperaba, tranquilo y paciente, hasta poder discernir el matiz exacto de los sentimientos que se manifestaban en él. Con frecuencia pienso que el cliente trata de escucharse a sí mismo y captar los mensajes y significados que le comunican sus propias reacciones fisiológicas. Ya no teme a lo que puede hallar. Sabe que sus propias reacciones y experiencias internas y los mensajes de sus sentidos y vísceras son amistosos, y desea aproximarse a sus fuentes de información más íntimas.
Maslow, en su estudio acerca de lo que llama “gente que se autorrealiza”, ha observado esa misma característica. Refiriéndose a estas personas dice: “Su facilidad de penetrar en la realidad, su aceptación y espontaneidad más propias de un animal o un niño suponen una conciencia superior de sus propios impulsos, deseos, opiniones y reacciones subjetivas en general” (4, pág. 210).
Esta apertura hacia lo que ocurre en el interior de uno mismo se asocia con una actitud similar hacia las experiencias de la realidad externa. Estas palabras de Maslow bien podrían aplicarse a ciertos clientes que he conocido cuando dice: “Las personas que se autorrealizan tienen la maravillosa capacidad de apreciar una y otra vez, de manera fresca e ingenua, las bondades básicas de la vida con temor, placer, maravilla y aun con éxtasis, independientemente de lo viciadas que estas experiencias aparezcan ante los ojos de otras personas” .

Comienzan a aceptar a los demás.

Esta apertura a la experiencia interna y externa se relaciona estrechamente con una análoga actitud de aceptación hacia las demás personas. A medida que el cliente adquiere la capacidad de aceptar su propia experiencia, también se halla en condiciones de aceptar la experiencia de otros. Valora y aprecia su experiencia y la ajena por lo que ésta es. Refiriéndose a los individuos que se autorrealizan, Maslow dice: “Uno no se queja del agua porque está mojada, ni de las rocas porque son duras . . .  La persona que se autorrealiza encara la naturaleza humana en sí mismo y en los demás de la misma manera en que el niño mira al mundo con ojos muy abiertos, inocentes y sin crítica, simplemente apreciando y observando lo que corresponde y sin discutir las cosas ni pretender que sean diferentes” (4, pág. 207). Observo que los clientes desarrollan en la terapia esta actitud de aceptación de lo que existe.

Comienzan a confiar en sí mismos.

Otra manera de describir esta tendencia que observo en cada cliente sería decir que valoriza el proceso que él es y confía en sí mismo cada vez más. Observando a mis clientes he llegado a comprender mejor a las personas creativas. El Greco, por ejemplo, al mirar algunas de sus primeras obras debe haber pensado que “los buenos artistas no pintan así”. Pero de alguna manera confió en su propia vivencia de la vida, en el proceso de sí mismo, en una medida suficiente como para poder seguir expresando sus percepciones singulares. Es como si hubiera podido decirse: “Los buenos artistas no pintan así, pero yo pinto así.” En otro terreno, Ernest Hemingway, por ejemplo, debía saber que “los buenos escritores no escriben así”. Por fortuna decidió ser Hemingway, ser él mismo, en lugar de adecuarse al modelo externo del buen escritor. Einstein parece haber olvidado sin dificultad alguna el hecho de que los buenos físicos no pensaban como él. Su inadecuada preparación académica en física no fue un obstáculo ¡que le impidiera continuar su labor; simplemente prosiguió hasta ser Einstein, hasta desarrollar sus propios pensamientos y ser él mismo con toda la honestidad y profundidad de que era capaz. Este fenómeno no ocurre solamente en el artista o el genio. Entre mis clientes he conocido a muchas personas sencillas que se convirtieron en individuos creativos en su propio ámbito; esto sucedió cuando desarrollaron mayor confianza en los procesos que ocurrían en su interior y tuvieron el coraje de experimentar sus propios sentimientos, vivir según sus valores internos y expresarse de maneras personales.

La orientación general.

Veamos si puedo enunciar de modo más conciso este proceso que observo en los clientes, cuyos elementos he tratado de describir. Al parecer, el individuo logra poco a poco ser el proceso que es realmente en su interior de manera consciente y aceptándolo. Deja de ser lo que no es; es decir, se despoja de sus máscaras. Ya no intenta ser más de lo que es, con los consiguientes sentimientos de inseguridad o defensa exagerada que ello supone. Tampoco trata de ser menos, puesto que esto acarrea sentimientos de culpa o autodesprecio. Presta atención a lo que ocurre en los niveles más profundos de su ser fisiológico y emocional y descubre que cada vez es mayor su deseo de ser el sí mismo que efectivamente es, y de realizarlo con mayor exactitud y profundidad. Un cliente, al comenzar a sentir la orientación que está asumiendo, pregunta maravillado e incrédulo: “¿Quiere decir que si yo fuera realmente lo que tengo ganas de ser todo estaría bien?” Su propia experiencia ulterior, al igual que la de muchos otros clientes, proporciona una respuesta afirmativa a este interrogante. Ser lo que uno realmente es; he aquí la orientación vital que el cliente más valora, cuando goza de libertad para moverse en cualquier dirección. No se trata simplemente de una elección de valor intelectual; por el contrario, ésta parece ser la mejor manera de describir las conductas inseguras y provisionales mediante las cuales avanza, con una actitud exploratoria, hacia lo que desea ser".

Psicologo Madrid

 

NATHANIEL BRANDEN

Nathaniel Branden nació en 1930, es un psicoterapeuta canadiense y reconocido autor de libros de autoayuda y autor de numerosos artículos sobre ética y filosofía política. Estuvo muchos años afiliado a la llamada corriente filosofica "objetivista", cuya principal representante es Ayn Rand. Mantuvo con ésta un largo romance, a pesar de que ambos estaban casados, pero con el consentimiento de ambos conyuges. Su relación terminó inesperadamente porque el Dr. Branden tuvo una relación con otra persona, sin el conocimiento de Ayn. Ha escrito y es un psicólogo de referencia sobre la "Autoestima". A continuación ofrecemos un fragmento de su obra "La Psicología del amor romantico".


"Las raices del amor romantico. Cuando un hombre y una mujer se encuentran y viven un amor romantico en el que buscan la union, la fusión, la experiencia del contacto más intimo, ambos proceden de un contexto de soledad. Entender este punto resulta absolutamente esencial para todo lo que viene a continuación. Paradojicamente, si deseamos comprender el amor romantico debemos empezar por entender el concepto de soledad, la condicion universal de todos nosotros.

Al principio estamos solos y no lo sabemos. Un recien nacido no diferencia entre el yo y el no-yo; no existe conciencia del yo, y tampoco nosotros como adultos experimentamos esa conciencia.....Descubrir los limites, donde termina el yo y comienza el mundo exterior; entender y asimilar el hecho de la separación, es una de las tareas mas importantes de la infancia. De ella depende el desarrollo normal del individuo. La segunda parte de este proceso de maduración (que se superpone a la primera) es la personalización: la adquisición de las habilidades motrices y cognirtivas básicas, combinadas con un principio de sentido de la identidad física y personal. Esa adquisición representa los cimientos de la autonomía del niño.....Podemos esforzarnos en eludir el hecho de que en esencia estamos solos, pero siempre acaba apareciendo. Una relación romántica quizá nos de fuerzas, pero no sustituirá la identidad personal. Cuando intentamos negar esas verdades, son nuestras relaciones las que se resienten: por la dependencia, la explotación, el dominio, la subordinación, nuestra propia ansiedad no reconocida, etc. ....Estar vivo es sinonimo de ser un individuo. Ser un individuo consciente implica expeeimentar una perspectiva única del mundo.... Ser un individuo que no sólo es consciente sino autoconsciente, equivale a encontrar-aunque sea en momentos breves, aunque sea en el espacio privado de la propia mente- el hecho inalterable de la soledad personal.

La soledad conlleva autorresponsabilidad. Nadie puede pensar por nosotros; nadie puede sentir por nosotros y nadie puede dar significado a nuestra existencia, excepto nosotros mismos. Para la mayoría de las personas, esa idea resulta aterradora. Puede llegar a convertirse en el hecho al que se resisten con más fuerza, el que niegan con más pasión.

El deseo de permanencia y la inevitabilidad del cambio. Cuando los hombres y las mujeres se embarcan a los veintitantos o treinta y pocos en una carrera (profesional) que pretenden continuar a lo largo de toda la vida, rara vez piensan que los cuarenta o cincuenta años siguientes serán un sencillo paseo de triunfo en triunfo. Si poseen algo de madurez, saben que habrá momentos buenos y malos, desvios inesperados, problemas y retos imprevisibles, crisis ocasionales y días en los que se levantarán por la mañana preguntandose por qué eligieron su profesión y si realmente están capacitados para desempeñarla.

Sin embargo, cuando se embarcan en ese viaje llamado matrimonio (o en una relación seria), tienden a hacerlo con una apreciación mucho menos realista de los retos y las vicisitudes que les esperan. La decisión de casarse es, desde un punto de vista racional, la decisión de compartir un viaje, una aventura, de no encerrarse en un paraiso aislado e inalterable. Ese paraiso no existe. El amor es una condición necesaria para la felicidad en el matrimonio, pero como ya hemos visto está lejos de ser una condición suficiente para la felicidad permanente. El deseo de permanencia (sobre todo cuando somos intensamente felices), de capturar el momento para siempre, es completamente comprensible, pero imposible de realizar. Y no porque el amor sea transitorio (el amor puede ser lo más permanente de nuestra vida), sino porque el cambio y el movimiento son los factores más naturales del universo...Del mismo modo que un ser humano no permanece inmutable, sino que evoluciona a lo largo de las diferentes etapas de su desarrollo, las relaciones tambien lo hacen. Y, en cada caso, las diferentes etapas plantean sus propios retos y aportan sus gratificaciones. Toda nueva relación está dominada por la emoción y el estimulo de la novedad; tambien por la ansiedad de no saber si crecerá y seguirá adelante. Más tarde , la seguridad y la estabilidad hacen que se pierda parte de la emoción y la novedad: se experimenta la serenidad de los problemas resueltos, de haber alcanzado un compromiso, y la alegria de descubrir que la armonia tambien ofrece emoción.

A veces, especialmente cuando en la relación surgen problemas que hay que afrontar y resolver, se produce un alejamiento del presente y una añoranza del pasado, un anhelo de lo que ya no se puede recuperar. Un hombre (o una mujer) sueña con los días en que su mujer era feliz sólo con amarle, sólo con estar ahí para él: ¿por qué ha decidido de repente que quiere volver a estudiar? ¿Qué le ha pasado a la joven con la que se casó? Entonces , en lugar de recibir de buen grado ese proceso de crecimiento, de comprender que él tambien debe seguir creciendo, se dedica a luchar contra el proceso, se resite y se convierte en el enemigo de la evoluciópn de su mujer.

La vida es movimiento. No moverse hacia delante es moverse hacia atrás. La vida sigue siendo vida sólo si avanza. Si no evoluciono, me debilito. Si mi relación no mejora, empeora. Si mi pareja y yo no crecemos juntos, morimos juntos....Si mi pareja y yo sentimos que nos llevamos bien con el crecimiento del otro, eso supone un lazo más entre nosotros, una fuerza más que apoya y refuerza nuestro amor....Si tenemos el buen juicio y el valor de aceptar los sueños y las aspiraciones de nuestra pareja, tendremos todas las posibilidades de que nuestro amor realmente sea para siempre".

Psicologo Madrid

 

ROLLO MAY

Este psicólogo estadounidense nació en abril de 1909 en el estado de Ohio. Su infancia no fue muy gratificante se divorciaron y una de sus hermanas sufría de achaques psicoticos. Despues de graduarse estuvo en Grecia dando clases de inglés, desarrollando sus aspectos artisticos e incluso estudiando con Alfred Adler.

A su vuelta a USA, entró en un Seminario Teologico donde recibió una gran influencia de uno de sus profesores, Pal Tillich, un teologo existencialista. Sufrió de tuberculosis durante tres años y su encuentro con la muerte tuvo el efecto revulsivo de cambiar sus puntos de vista. Comenzó a estudiar psicoanalisis en el White Institute, donde conocio a Harry Stack y a Erich Fromm. Por ultimo estudió el doctorado en psicología clinica en la Universidad Columbia de Nueva York. Estuvo enseñando en varias universidades, siendo uno de los impulsores de la psicología existencial. Murió en Octubre de 1994.

Libertad y Destino en Psicolterapia.

"Esta misma mañana, un amigo mío y yo dábamos un paseo en barca por un lado de New Hampshire: todo estaba tranquilo y silencioso. El único rizo en la superficie del agua lo produjo una hermosa garza azul al levantar el vuelo pausadamente sobre una alfombra de nenúfares y perderse volando lejos hacia algún sitio en lo escondido del lago, quieto, no removido ni siquiera por alguna de las lanchas. En medio de la serenidad que parecía cubrir el lago, la foresta y las montañas bañándolas de una supernatural armonía y paz, mi amigo me sorprendió con el recuerdo de que hoy era el Día de la Independencia.

Las celebraciones ruidosas que pudiera haber parecían quedar lejos, lejos de este mundo tranquilo. Pero viviendo en Nueva Inglaterra, uno no puede alejar de su mente los cuadros de luces y farolillos colgados del campanario de la iglesia Vieja del Norte, Bunker Hill, ni los disparos de los granjeros de Nueva Inglaterra destinados a ser escuchados desde cualquier ángulo de la tierra.

Libertad política es en verdad cosa para ser querida. Pero no hay libertad política que no esté indisolublemente unida a una libertad interior personal de los individuos, que componen la nación; no es una libertad de conformistas; no es una libertad de robots. Este libro trata de iluminar esa libertad interior personal que subyace a toda libertad politica. Siempre que menciono la libertad politica en las páginas siguientes, esto servirá en todo caso de aclaración.

La libertad personal de pensar y sentir y hablar desde la propia autenticidad, y el ser consciente de obrar así, es la cualidad que nos distingue como hombres. Siempre en contraste con nuestro particular destino, esa libertad es el fundamento de los valores humanos, tales como el amor, el valor, la honestidad. La libertad es el modo especifico de relacionarse con nuestro propio destino, y el destino se hace sólo valioso en cuanto poseemos libertad. En la lucha entablada en contra y con el destino tiene su origen nuestra creatividad y nuestra civilización".

Psicologo Madrid

SIGMUND FREUD

Figura harto conocida que no necesita presentación. Como curiosidad a continuación presento un fragmento de una Conferencia de Freud, en que intentaba explicar en que consistía el Psicoanalisis. El psicoanalisis tuvo al comienzo una gran oposición entre sus colegas de Viena. El sistema despues se ha enriquecido y evolucionado, pero fue en su momento un gran avance.

Introducción al Psicoanalisis

"El tratamiento psicoanalítico se limita exteriormente a una conversación entre el sujeto analizado y el médico. El paciente habla, relata los acontecimientos de su vida pasada y sus impresiones presentes, se queja y confiesa sus deseos y sus emociones. El médico escucha, intenta dirigir los procesos mentales del enfermo, le aconseja, da a su atención determinadas direcciones, le proporciona toda clase de esclarecimientos y observa las reacciones de comprensión o incomprensión que de esta manera provoca en el. Las personas que rodean a tales enfermos y a las cuales sólo lo groseramente visible logra convencer de la bondad de un tratamiento, al que considerarán inmejorable si trae consigo efectos teatrales semejantes a los que tanto éxito logran al desarrollarse en la pantalla cinematográfica, no prescinden nunca de expresar sus dudas de que por medio de una simple conversaci6n entre el médico y el enfermo pueda conseguirse algún resultado. Naturalmente, es este juicio tan ininteligible como falto de lógica, y los que así piensan son los mismos que aseguran que los síntomas del enfermo son simples “imaginaciones”. Las palabras, primitivamente, formaban parte de la magia y conservan todavía en la actualidad algo de su antiguo poder. Por medio de palabras puede un hombre hacer feliz a un semejante o llevarle a la desesperación; por medio de palabras transmite el profesor sus conocimientos a los discípulos y arrastra tras de sí el orador a sus oyentes, determinando su juicios y decisiones. Las palabras provocan afectos emotivos y constituye n el medio general para la influenciación recíproca de los hombres. No podremos, pues, despreciar el valor que el empleo de las mismas pueda tener en la psicoterapia, y asistiríamos con interés, en, calidad de oyentes, al diálogo que se desarrolla entre el médico analista y su paciente.

Pero tampoco esto nos está permitido. La conversación que constituye el tratamiento psicoanalítico es absolutamente secreta y no tolera la presencia de una tercera persona. Puede, naturalmente, presentarse a los alumnos en el curso de unalección de Psiquiatría, un sujeto neurasténico o histérico; pero el mismo se limitará a comunicar aquellos síntomas en los que su dolencia se manifiesta. Las informaciones imprescindibles para el análisis no las dará más que el médico, y esto únicamente en el caso de que sienta por él una particular afinidad de sentimientos. El paciente enmudecerá en el momento en que al lado del médico surja una tercera persona indiferente. Lo que motiva esta conducta es que aquellas informaciones que el enfermo comunica al médico analista se refieren a lo más íntimo de su vida anímica, a todo aquello que como persona social independiente tiene que ocultar a los ojos de los demás, y aparte de esto, a todo aquello que ni siquiera querría confesarse a sí mismo.

Así, pues, no podréis asistir como oyentes a un tratamiento psicoanalítico, y de este modo nunca os será posible conocer el psicoanálisis sino de oídas, en el sentido estricto de esta locución. Una tal carencia de informaciones directas ha de colocaros en situación poco corriente para formar un juicio sobre nuestra disciplina; juicio que, dadas las circunstancias señaladas, habrá de depender del grado de confianza que os merezca aquel que os informa".

Psicologo Madrid